La inteligencia emocional en los negocios modernos
- Cristian Hernández Toro

- 26 sept 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 8 dic 2025

Introducción: el día que todo cambió para Francisca
Francisca era una ejecutiva brillante. Con estudios de alto nivel, estrategias claras y dominio técnico impecable, se destacaba en la empresa tecnológica donde trabajaba. Sin embargo, su carrera comenzó a tambalear cuando ascendió a un puesto de liderazgo.
Lo que antes era éxito asegurado se convirtió en un laberinto de conflictos con su equipo: roces constantes, renuncias inesperadas y proyectos que se atrasaban por la falta de comunicación. Fue entonces cuando su mentor le dijo algo que marcaría un antes y un después:
“Tu problema no está en lo que sabes, sino en cómo gestionas tus emociones y las de los demás.”
Ese consejo llevó a Francisca a descubrir la inteligencia emocional, una habilidad que no solo transformó su estilo de liderazgo, sino también la cultura de toda la organización.
¿Qué es la inteligencia emocional?
Daniel Goleman (1995), en su libro clásico Emotional Intelligence, popularizó el concepto y lo definió como la capacidad de reconocer, entender y gestionar nuestras propias emociones, así como las de los demás.
La inteligencia emocional (IE) no sustituye a la inteligencia cognitiva, pero la complementa de manera esencial. De hecho, investigaciones han demostrado que, en posiciones de liderazgo, la IE explica hasta el 85% del éxito, mientras que las habilidades técnicas y el coeficiente intelectual explican el resto (Goleman, Boyatzis & McKee, 2013).
En el mundo de los negocios modernos, donde los cambios son rápidos y las interacciones constantes, la IE se convierte en un factor diferencial.
Componentes de la inteligencia emocional
Según Goleman (1995, 2013), la IE se compone de cinco habilidades clave:
Autoconciencia: reconocer las propias emociones y cómo influyen en el comportamiento.
Autorregulación: manejar las emociones impulsivas y adaptarse a los cambios.
Motivación: orientarse hacia metas con resiliencia y pasión.
Empatía: comprender las emociones de los demás.
Habilidades sociales: construir relaciones saludables y efectivas.
Estas dimensiones no son rasgos fijos, sino competencias que pueden desarrollarse con práctica y entrenamiento.
Inteligencia emocional y liderazgo
El liderazgo moderno exige mucho más que conocimiento técnico. Un líder que carece de inteligencia emocional puede convertirse en un obstáculo para la innovación y el bienestar del equipo.
Un metaanálisis realizado por Miao, Humphrey y Qian (2017) mostró que la IE de los líderes está fuertemente asociada con la satisfacción laboral, el compromiso organizacional y el rendimiento de los empleados.
Esto se debe a que los líderes emocionalmente inteligentes son capaces de:
Reconocer el estado emocional de sus equipos.
Motivar en tiempos de crisis.
Resolver conflictos de manera constructiva.
Crear un clima organizacional de confianza.
En un mundo de negocios marcado por la incertidumbre, la IE no es un complemento, sino un requisito estratégico.
Inteligencia emocional e innovación
La innovación no es solo una cuestión de ideas brillantes; también depende de las dinámicas humanas que las hacen posibles.
George (2000) señaló que la IE contribuye a la innovación porque las emociones positivas amplían el pensamiento y facilitan la creatividad. Esto coincide con la teoría del broaden-and-build de Fredrickson (2013), según la cual las emociones positivas amplían nuestro repertorio de pensamientos y acciones, permitiendo que surjan soluciones más creativas.
En la práctica, un equipo con líderes empáticos y con alta IE puede:
Generar más ideas innovadoras.
Gestionar mejor la frustración de los fracasos.
Mantener la motivación en procesos largos y exigentes.
Bienestar organizacional y clima laboral
La inteligencia emocional también tiene un impacto directo en el bienestar organizacional.
Barsade y O’Neill (2016) demostraron que un clima emocional positivo en el trabajo mejora la satisfacción, reduce la rotación y aumenta la cooperación. Este clima no surge de manera espontánea, sino que es moldeado por líderes que gestionan adecuadamente sus emociones y las de los demás.
En este sentido, la IE se convierte en el puente entre rendimiento empresarial y bienestar humano.
Mirada holística: negocios y emociones en equilibrio
Desde una perspectiva holística, la IE no solo se aplica al trabajo, sino también a la vida personal. Un emprendedor con alta inteligencia emocional puede:
Manejar mejor el estrés.
Equilibrar sus roles personales y profesionales.
Construir relaciones más significativas.
Ryan y Deci (2017), en la teoría de la autodeterminación, sostienen que las necesidades psicológicas básicas de autonomía, competencia y relación son esenciales para el bienestar. La IE facilita precisamente estas tres dimensiones al permitir una gestión emocional más consciente.
Ejemplo real: Satya Nadella y la cultura de la empatía
Cuando Satya Nadella asumió como CEO de Microsoft en 2014, la compañía atravesaba un estancamiento cultural. Su decisión de priorizar la empatía y la IE como valores centrales transformó no solo la innovación tecnológica, sino también el clima laboral.
Hoy, Microsoft es un ejemplo de cómo la inteligencia emocional puede convertirse en una ventaja competitiva sostenible (Dhingra et al., 2020).
Estrategias para desarrollar inteligencia emocional en los negocios
Autoconciencia práctica: llevar un diario emocional para reconocer patrones de comportamiento.
Mindfulness: prácticas breves de atención plena mejoran la regulación emocional (Kabat-Zinn, 2015).
Feedback constructivo: pedir retroalimentación sobre el impacto emocional que generamos en otros.
Entrenamiento en empatía: escuchar activamente y ponerse en el lugar del otro.
Cultura organizacional de emociones: normalizar el hablar de emociones en contextos laborales.
Estas estrategias son simples, pero requieren constancia para generar cambios reales.
Conclusión: la ventaja competitiva de lo humano
Volvamos a Carolina. Al entrenar su inteligencia emocional, pasó de ser una líder técnica pero distante, a una líder humana que inspiraba confianza y compromiso. Sus proyectos comenzaron a fluir, los conflictos se redujeron y la empresa descubrió que su mayor innovación no era tecnológica, sino cultural.
La lección es clara: en los negocios modernos, la inteligencia emocional es la diferencia entre liderar con desgaste y liderar con plenitud.
La invitación es sencilla: cultivar la inteligencia emocional no es solo un beneficio personal, es una ventaja competitiva para tu negocio y tu vida.
Referencias
Barsade, S. G., & O’Neill, O. A. (2016). Manage your emotional culture. Harvard Business Review, 94(1-2), 58–66.
Dhingra, N., Samo, A., Schaninger, B., Schrimper, M., & Ting, A. (2020). Purpose: Shifting from why to how. McKinsey & Company.
Fredrickson, B. L. (2013). Positive emotions broaden and build. In P. Devine & A. Plant (Eds.), Advances in experimental social psychology (Vol. 47, pp. 1–53). Academic Press.
George, J. M. (2000). Emotions and leadership: The role of emotional intelligence. Human Relations, 53(8), 1027–1055. https://doi.org/10.1177/0018726700538001
Goleman, D. (1995). Emotional intelligence. Bantam Books.
Goleman, D., Boyatzis, R., & McKee, A. (2013). Primal leadership: Unleashing the power of emotional intelligence. Harvard Business Review Press.
Kabat-Zinn, J. (2015). Mindfulness for beginners: Reclaiming the present moment—and your life. Hachette UK.
Miao, C., Humphrey, R. H., & Qian, S. (2017). A meta-analysis of emotional intelligence and work attitudes. Journal of Occupational and Organizational Psychology, 90(2), 177–202. https://doi.org/10.1111/joop.12167
Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2017). Self-determination theory: Basic psychological needs in motivation, development, and wellness. Guilford Press.
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