La resiliencia como motor del éxito emprendedor
- Cristian Hernández Toro

- 26 sept 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 8 dic 2025

Introducción: el fracaso que forjó a Andrés
Andrés soñaba con abrir una cafetería en el centro de Concepción. Había estudiado el mercado, diseñado el menú y conseguido un préstamo bancario. Sin embargo, a los seis meses de abrir, la realidad golpeó fuerte: ventas bajas, altos costos y competencia feroz.
Una mañana, mirando el local vacío, Andrés pensó en rendirse. Pero en vez de cerrar, decidió replantear todo el modelo. Redujo la carta, se enfocó en cafés de especialidad y comenzó a vender en línea con despacho a oficinas. Dos años después, no solo salvó el negocio, sino que abrió una segunda sucursal.
Lo que permitió a Andrés superar la crisis no fue únicamente su visión de negocio, sino su resiliencia: la capacidad de levantarse frente a la adversidad, aprender de ella y salir fortalecido.
¿Qué es la resiliencia?
El término resiliencia proviene de la física: la propiedad de un material de recuperar su forma original tras ser sometido a presión. En psicología, se refiere a la capacidad de las personas para adaptarse positivamente ante la adversidad, el trauma o la presión significativa (Masten, 2014).
George Bonanno (2004) sostiene que la resiliencia no es una característica excepcional de unos pocos, sino una capacidad común que puede desarrollarse. Según él, la mayoría de las personas expuestas a eventos adversos muestran una sorprendente capacidad de recuperación.
Para los emprendedores, la resiliencia es más que una habilidad personal: es un activo estratégico.
Resiliencia y emprendimiento
Emprender es navegar en aguas de incertidumbre. Quien inicia un negocio se enfrenta a riesgos financieros, presión social y desafíos emocionales. No es casualidad que estudios en psicología del emprendimiento señalen la resiliencia como una de las competencias más relevantes para sostenerse en el tiempo (Fletcher & Sarkar, 2013).
La resiliencia en el emprendimiento se traduce en:
Persistencia ante los fracasos.
Capacidad de aprendizaje rápido.
Confianza en medio de la incertidumbre.
Visión de largo plazo pese a obstáculos inmediatos.
En otras palabras, la resiliencia permite transformar la adversidad en capital de experiencia.
La ciencia de la resiliencia: tres claves
1. Resiliencia como “adaptación positiva”
Masten (2014) la denomina ordinary magic, porque no depende de dones excepcionales, sino de procesos humanos comunes como la regulación emocional, las redes de apoyo y la flexibilidad cognitiva.
2. Resiliencia como proceso, no rasgo
Bonanno (2004) destaca que no es una cualidad fija. Una persona puede ser resiliente en un área de su vida y vulnerable en otra. Para los emprendedores, esto significa que la resiliencia se entrena.
3. Resiliencia y recursos internos y externos
Fletcher & Sarkar (2013) explican que la resiliencia combina recursos internos (optimismo, autoconfianza) con externos (apoyo social, políticas públicas). En el caso de un emprendedor, contar con mentores y redes de contactos es tan importante como su fortaleza interna.
El costo de no ser resiliente
Un emprendedor sin resiliencia puede caer en dos extremos:
Abandono prematuro: rendirse al primer obstáculo.
Obstinación destructiva: insistir en un modelo inviable sin capacidad de adaptación.
En ambos casos, el resultado es similar: pérdida de tiempo, recursos y energía. Por eso, la resiliencia no significa resistir ciegamente, sino aprender, adaptarse y evolucionar.
Resiliencia y bienestar emprendedor
El bienestar psicológico y la resiliencia están profundamente conectados. Corey Keyes (2005) introdujo el concepto de florecimiento, que combina bienestar emocional, social y psicológico. Un emprendedor resiliente no solo sobrevive, sino que florece, encontrando sentido incluso en la dificultad.
De manera similar, el modelo de psicología positiva organizacional de Luthans y Youssef (2007) plantea que la resiliencia, junto con la esperanza y el optimismo, conforman el capital psicológico que impulsa el rendimiento en entornos laborales.
El rol del contexto: organizaciones resilientes
La resiliencia no es solo individual. Existen también organizaciones resilientes, capaces de adaptarse a cambios disruptivos y mantener su identidad esencial. Cameron (2012) describe que las organizaciones con culturas positivas no solo sobreviven a las crisis, sino que encuentran oportunidades en ellas.
El modelo de demandas y recursos laborales (job demands-resources model) de Bakker y Demerouti (2017) complementa esta mirada: empresas que equilibran adecuadamente las exigencias con recursos como apoyo social, autonomía y oportunidades de desarrollo, generan resiliencia en sus trabajadores.
Estrategias prácticas para cultivar resiliencia emprendedora
Reencuadre cognitivo: ver los problemas como desafíos y no como amenazas.
Construcción de redes de apoyo: rodearse de mentores, colegas y amigos que den soporte.
Prácticas de autocuidado: ejercicio, mindfulness, descanso. La resiliencia requiere energía física y mental.
Visión flexible: tener claridad en los objetivos, pero apertura en los caminos.
Aprendizaje constante: transformar cada error en retroalimentación valiosa.
Optimismo realista: mantener esperanza, pero con los pies en la tierra.
Conexión con propósito: recordar el “para qué” detrás del emprendimiento.
Conclusión: resiliencia como motor del éxito
Volvamos a Andrés. Su cafetería no triunfó porque evitara las dificultades, sino porque las enfrentó con resiliencia. Supo aprender de sus errores, apoyarse en su comunidad y reinventar su negocio.
El camino emprendedor nunca estará libre de obstáculos, pero la diferencia entre quienes se rinden y quienes prosperan radica en la resiliencia. Esta no es un escudo que evita el dolor, sino un motor que transforma las crisis en oportunidades de crecimiento.
La invitación es clara: si eres emprendedor, cultiva tu resiliencia como tu recurso más valioso. Ella será el puente entre tus sueños y tu éxito sostenible.
Referencias
Bakker, A. B., & Demerouti, E. (2017). Job demands–resources theory: Taking stock and looking forward. Journal of Occupational Health Psychology, 22(3), 273–285. https://doi.org/10.1037/ocp0000056
Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59(1), 20–28. https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.1.20
Cameron, K. S. (2012). Positive leadership: Strategies for extraordinary performance. Berrett-Koehler Publishers.
Fletcher, D., & Sarkar, M. (2013). Psychological resilience: A review and critique of definitions, concepts, and theory. European Psychologist, 18(1), 12–23. https://doi.org/10.1027/1016-9040/a000124
Keyes, C. L. M. (2005). Mental illness and/or mental health? Investigating axioms of the complete state model of health. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 73(3), 539–548. https://doi.org/10.1037/0022-006X.73.3.539
Luthans, F., & Youssef, C. M. (2007). Emerging positive organizational behavior. Journal of Management, 33(3), 321–349. https://doi.org/10.1177/0149206307300814
Masten, A. S. (2014). Ordinary magic: Resilience in development. Guilford Publications.
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