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La sostenibilidad como estrategia emprendedora

  • Foto del escritor: Cristian Hernández Toro
    Cristian Hernández Toro
  • 26 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 8 dic 2025


Introducción: el dilema de Paula


Paula, ingeniera comercial, soñaba con abrir una marca de ropa en Chile. Al inicio se enfocó solo en los diseños y en las ventas rápidas. Sin embargo, pronto se enfrentó a críticas por el impacto ambiental de su producción: telas de baja calidad, residuos textiles y exceso de plástico en los empaques.


Al borde de perder clientes que exigían prácticas más responsables, Paula tomó una decisión radical: reformular su modelo hacia la sostenibilidad. Incorporó algodón orgánico, redujo los empaques y comenzó a comunicar con transparencia sus procesos. Con el tiempo, su marca dejó de ser vista como “una más” y se transformó en un referente de moda consciente.


El caso de Paula refleja una tendencia global: la sostenibilidad ya no es un lujo opcional, sino una estrategia emprendedora clave.


¿Qué entendemos por sostenibilidad en los negocios?


La sostenibilidad se refiere a la capacidad de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las de las generaciones futuras (Brundtland Report, 1987). En el ámbito empresarial, implica integrar el equilibrio económico, social y ambiental en las decisiones del día a día.


John Elkington (1997) introdujo el concepto de triple bottom line, que plantea que las empresas deben medir su éxito no solo en términos financieros, sino también en el impacto social y ambiental.


Hoy, la sostenibilidad se entiende como un factor de competitividad: las organizaciones que no la integren corren el riesgo de quedar fuera de mercados cada vez más conscientes.


La presión del entorno: consumidores y regulaciones


Los consumidores actuales ya no eligen solo por precio o calidad, sino también por valores. Según el Global Consumer Insights Survey de PwC (2021), el 55% de los consumidores globales afirman que prefieren marcas comprometidas con la sostenibilidad.


Además, gobiernos y organismos internacionales imponen regulaciones más estrictas. La Unión Europea, por ejemplo, exige estándares de sostenibilidad en sectores como la energía, la alimentación y la moda. Para los emprendedores, adaptarse no es solo cuestión de ética, sino de supervivencia.


Sostenibilidad como ventaja competitiva


Porter y Kramer (2011) acuñaron el concepto de valor compartido, que propone que las empresas pueden generar beneficios económicos mientras resuelven problemas sociales.

Para un emprendedor, esto significa que la sostenibilidad no es un costo, sino una oportunidad de diferenciarse:


  • Nuevos mercados: consumidores conscientes que buscan opciones éticas.


  • Eficiencia operativa: reducción de desperdicios y costos energéticos.


  • Reputación positiva: construcción de marca sólida a largo plazo.


  • Atracción de talento: jóvenes profesionales prefieren trabajar en empresas con propósito.


Mirada holística: sostenibilidad y bienestar


La sostenibilidad no solo se mide en huella de carbono o reciclaje, también en cómo un negocio impacta en la vida de las personas.


Keyes (2005) argumenta que el bienestar individual está conectado con el bienestar social. Una empresa sostenible contribuye a comunidades más sanas, equitativas y resilientes.


En este sentido, un emprendedor que apuesta por la sostenibilidad también está apostando por un modelo de bienestar integral: cuidando a sus trabajadores, clientes y al entorno.


Casos reales de sostenibilidad emprendedora


  1. NotCo (Chile): startup que utiliza inteligencia artificial para desarrollar alimentos vegetales. Combina innovación tecnológica con impacto ambiental positivo al reducir la dependencia de la ganadería.


  2. Patagonia (EE.UU.): marca de ropa outdoor que promueve el consumo responsable y reinvierte parte de sus ganancias en iniciativas ambientales.


  3. TriCiclos (Latinoamérica): empresa dedicada al reciclaje inclusivo, con impacto social y ambiental en múltiples países de la región.


Estos casos muestran que la sostenibilidad no solo es posible, sino rentable.


Estrategias prácticas para integrar la sostenibilidad


  1. Diagnóstico inicial: medir huella ambiental y social del negocio.


  2. Diseño circular: implementar modelos de economía circular que reduzcan residuos.


  3. Transparencia: comunicar de forma clara prácticas sostenibles.


  4. Alianzas: colaborar con proveedores y socios que compartan valores de sostenibilidad.


  5. Innovación en productos y procesos: desarrollar soluciones que reduzcan impacto y mejoren eficiencia.


  6. Educación interna: formar a equipos en prácticas sostenibles.


  7. Medición de impacto: usar indicadores (KPIs) que reflejen beneficios sociales y ambientales junto a los financieros.


El costo de no ser sostenible


Ignorar la sostenibilidad tiene consecuencias: pérdida de clientes, sanciones regulatorias, daño reputacional y dificultades para atraer talento. Bakker y Demerouti (2017) destacan que organizaciones que descuidan el equilibrio entre demandas y recursos generan estrés y desgaste, lo que también afecta la sostenibilidad interna.


En cambio, empresas que incorporan sostenibilidad mejoran la resiliencia organizacional (Cameron, 2012), lo que las hace más capaces de adaptarse a entornos inciertos.


Conclusión: sostenibilidad como camino de futuro


Volvamos a Paula. Su marca de ropa sobrevivió no porque ignorara las críticas, sino porque tuvo el valor de reinventarse. La sostenibilidad no fue un obstáculo, sino el motor que le permitió crecer y construir una empresa respetada.


La enseñanza es clara: la sostenibilidad no es un “extra” para emprendedores con tiempo y recursos, es la estrategia que asegura relevancia, resiliencia y éxito a largo plazo.

La invitación es concreta: pregúntate hoy qué acción puedes tomar para que tu negocio sea más sostenible, no solo por el planeta o la sociedad, sino también por tu propio futuro como emprendedor.


Referencias


  • Bakker, A. B., & Demerouti, E. (2017). Job demands–resources theory: Taking stock and looking forward. Journal of Occupational Health Psychology, 22(3), 273–285. https://doi.org/10.1037/ocp0000056


  • Brundtland, G. H. (1987). Our common future: Report of the World Commission on Environment and Development. Oxford University Press.


  • Cameron, K. S. (2012). Positive leadership: Strategies for extraordinary performance. Berrett-Koehler Publishers.


  • Elkington, J. (1997). Cannibals with forks: The triple bottom line of 21st century business. Capstone Publishing.


  • Keyes, C. L. M. (2005). Mental illness and/or mental health? Investigating axioms of the complete state model of health. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 73(3), 539–548. https://doi.org/10.1037/0022-006X.73.3.539


  • Porter, M. E., & Kramer, M. R. (2011). Creating shared value. Harvard Business Review, 89(1-2), 62–77.


  • PwC. (2021). Global Consumer Insights Survey 2021. PricewaterhouseCoopers. https://www.pwc.com/gx/en/industries/consumer-markets/consumer-insights-survey.html


Artículo escrito por Cristian Hernández Toro. Puedes compartirlo o citarlo en otros espacios siempre que menciones la fuente original:www.crishernandezglobal.com


 
 
 

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